De los campos al éxito.

Semillero de talentos en las comunidades rurales de Mazatlán.

Mazatlán, Sinaloa, 07 de abril de 2026.- Desde hace más de tres años, un taller de música regional se ha convertido en semillero de talento en comunidades rurales de Mazatlán al impulsar a niños y jóvenes a desarrollarse en el ámbito musical, alejándolos de entornos negativos.

El maestro José Lizárraga Zatarain, con más de 30 años de experiencia en la enseñanza, es quien actualmente imparte clases en este taller, el cual surgió como continuidad de una iniciativa impulsada por otros docentes de la comunidad de Siqueros.

A lo largo de su trayectoria, el maestro ha sido formador de decenas de músicos, muchos hoy integran agrupaciones reconocidas dentro del regional mexicano como la banda Corona del Rey. Incluso, asegura que su comunidad destaca por la gran cantidad de músicos activos. “Aquí puede haber entre 80 y 100 músicos; la música es parte de la vida de las familias”, señaló.

El taller, que es completamente gratuito, también se desarrolla en otras localidades como Isla de la Piedra y El Quelite. Las clases se imparten principalmente los martes y jueves de las 8:00 a las 11:00 de la noche, un horario que, aunque poco convencional, ha resultado accesible para los estudiantes.

El taller no solo arropó a la comunidad de Siqueros, durante estos tres años se han integrado alumnos de otras localidades como El Recodo, Escamillas, Cofradía, El Roble y El Habal.

Niños desde los 8 años comienzan su formación musical, aunque también han llegado alumnos adultos con el deseo de aprender. Los instrumentos más comunes son trompetas, armonías y percusiones, propios de la banda sinaloense.

Uno de los aspectos más destacados del proyecto es el sentido de comunidad que se genera entre los alumnos, quienes incluso comparten instrumentos para que nadie se quede sin aprender. Además, la motivación de los jóvenes proviene de ver a músicos locales que han logrado integrarse a agrupaciones de renombre.

“Lo más difícil es la formación inicial, pero después ellos mismos van desarrollando sus habilidades. Lo que más me sorprende es que siempre llegan nuevos niños con ganas de aprender”, comentó el maestro.

Sin límite de alumnos, el taller ha llegado a reunir hasta 25 estudiantes en una sola sesión, consolidándose como un espacio de aprendizaje, disciplina y convivencia

Para el docente, su vocación tiene raíces profundas: “Se lo debo a mi papá, que siempre impulsó la música en casa, y a mi maestro Salvador Lizárraga Perales, quien me inspiró a enseñar”.

Este taller no solo enseña música, también construye comunidad, identidad y oportunidades y es demuestra que el arte es una poderosa herramienta de transformación social.

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