Los Varilleros y la Propaganda callejera.
“Queso, requesónnnn”, “Aguaaaaa de cebada, si no quieren pa’tirarla”.
Pregones que marcaron nuestra infancia
Bristol Alonso Rodriguera.
Impactante sorpresa me llevé hace días en una de las calles de la colonia que quiere ser fraccionamiento: Pradera Dorada.

Ya ve que empezó con una sección y creo que ahora van por la séptima u octava, más las que se acumulen conforme derriben cerros y otros estorbos para el desarrollo inmobiliario.
En el transitar por las calles, de repente llegó a mis oídos un sonsonete que me transportó al pasado, una cantaleta ampliamente conocida: “Venga, aproveche, solo por unos minutos, aquí estaremos. Caaaaapsulas de Hígado de Tiburón, lo mejor para su salud. Si amanece cansado, padece de diabetes, sus piernas no responden le duele el cuerpo, padece de colesterol, triglicéridos, inapetencia, somnolencia; la solución se la traemos hasta la puerta de su casa: Caaaaaaapsulas de hígado de tiburón”.

En mis años mozos o de chiquilío era común que en nuestras colonias, aún y cuando se estuviese jugando entre los lodos de las lluvias no faltaba lo que llamábamos la “propaganda”, personas que a bordo de un vehículo, generalmente traqueteado, recorrían las calles de las colonias ofreciendo esa especie de productos milagrosos que curaban todo: capsulas de hígado de tiburón, aceite de bacalao, rábano yodado, jarabe del doctor Quiquirimiau, y un largo etcétera.
Había otros que recorrían las calles ofreciendo “cinitos” y juguetes maravillosos de todo tipo. Helicópteros que volaban jalando una cuerda, globos chinos.
LOS PREGONEROS.

Los primeros pregoneros en Mazatlán, dice la historia, fueron los “agüeros”, los “lecheros” y los “mayates”.
Los agüeros eran las personas que recorrían las calles ofreciendo el agua fresca y pura; los lecheros eran, obvio, los que ofrecían la leche bronca y los últimos eran aquellas personas que ofrecían desaguar las fosas sépticas para irlas a vaciar a las marismas o playas de Mazatlán.
SIN EMBARGO hubo unos comerciantes pregoneros que trascendieron la historia y se convirtieron en un personaje importante y vital en las comunidades rurales, a los que llamaban “Varilleros”.
Desconocemos el origen del término “Varilleros”. Sin embargo recordamos que eran aquellas personas que cada siete o quince días recorrían los pueblos y comunidades con sus cajas alargadas que cargaban con una vara larga que descansaba en sus hombros o que cargaban en sus manos.
Ofreciendo agujas, hilazas, hilos, telas, bolas de naftalina, bordados, aceites para maquinas, dados, juegos, correas, cordones, dedales, listones y muchas maravillas más.
Los vecinos aprovechaban para hacerles pedidos especiales a sabiendas de que en la próxima visita les traerían el encargo.
COMERCIO se hacía en la calle.

Los pregones eran parte de nuestra vida diaria. Los mercados eran lejanos y los vecinos buscábamos la comodidad.
Los era una especie de familia. ¡Hasta se vendía ‘Tierra pa’ las matas”, donde el carretero “Don Chocho” iba y la sacaba del Arroyo de los Jabalíes en aquellos tiempos donde en ese arroyo podías pescar y en tiempo de lluvias agarrar cauques, en aquellos tiempos en que no lo había contaminado una congeladora que se instaló en la invasión de Salvador Allende, pero esa es otra historia.

“Ahhhhhh que buenas están las paletas, oigaaa!.
¡El tomate colorao!, ¡Mango del país…! Llegó el pan a tres por un peso!. ¡fierro viejo que vendannnnnn!,rilleros y la Propaganda callejera.