En la raya.
El bloque opositor va!
* Realismo y unidad frente al desafío electoral
* Por: José Luis López Duarte
A primera vista, la conclusión parece sencilla: la oposición debe unirse para enfrentar a Morena y a la llamada Cuarta Transformación. Sin embargo, construir una alternativa competitiva no consiste en fabricar milagros, repetir mitos ni alimentar fantasías políticas. Se trata de observar el escenario con realismo, medir sus ventajas y desventajas, reconocer las pérdidas, los imprevistos y las limitaciones, y actuar en consecuencia. De lo contrario, se corre el riesgo de producir una nueva ilusión que termine, como tantas veces, frustrada.
El proceso electoral ya comenzó legalmente el pasado 10 de septiembre. Desde entonces, resulta evidente que Morena y la 4T se han adelantado, en ocasiones al margen de las disposiciones legales y con la complacencia de los órganos electorales. La presencia de la secretaria de Gobernación, Rosa Icela Rodríguez, en el acto de apertura del proceso en el INE constituye un hecho inédito en más de tres décadas y confirma la creciente intromisión gubernamental en la contienda. A ello se suma el control político de los programas sociales y la cercanía entre la dirigencia de Morena y la estructura oficial encargada de administrarlos.
No puede ignorarse que el oficialismo llega con una ventaja considerable. En 2024, Morena y sus aliados prácticamente duplicaron en votos a la oposición y obtuvieron una mayoría calificada en el Congreso, en medio de cuestionamientos sobre el uso de recursos públicos y la intervención gubernamental. Esta realidad obliga a la oposición a abandonar la improvisación y a construir un bloque amplio, serio y eficaz.
Es cierto que también se perciben señales de desgaste. Diversas mediciones registran caídas en la aprobación del gobierno y de Morena, mientras la figura de López Obrador muestra un deterioro evidente. Las controversias con Estados Unidos, los señalamientos vinculados con el crimen organizado y las posibles acciones del gobierno de Donald Trump podrían profundizar las dificultades del oficialismo. Pero sería un error convertir esas posibilidades en la columna vertebral de la estrategia opositora. Puede ocurrir que las presiones externas se intensifiquen, pero también que no produzcan efectos significativos. La oposición debe depender de su propia organización, no de factores ajenos.
La elección de 2027 debe entenderse como una etapa decisiva rumbo a 2030. El objetivo no puede limitarse a obtener algunos triunfos locales o a reducir la presencia de Morena. La meta fundamental debe ser arrebatarle la mayoría constitucional en el Congreso de la Unión y establecer las bases de una alternancia nacional. Por eso, el bloque opositor requiere flexibilidad para incorporar distintas fuerzas, pero también firmeza en sus principios, reglas claras y una estrategia común.
Si la coalición ya es una realidad política, diciembre debe marcar un punto de definición: plataformas, candidaturas, equipos y compromisos concretos deben encontrarse prácticamente resueltos. No basta con denunciar al gobierno; hay que ofrecer una alternativa creíble, capaz de responder a la inseguridad, la economía, la salud, la educación y la defensa institucional.
La propaganda oficial ya comenzó, aunque muestra signos de debilidad. La influencia de López Obrador continúa presente y parece colocarse por encima del propio gobierno de Claudia Sheinbaum. Todo apunta a una disputa de fondo entre dos visiones de país. La pregunta decisiva es si la oposición será capaz de articular una propuesta política que convierta el descontento social en organización y votos. Para lograrlo, necesitará sensibilidad para leer cada momento, voluntad para actuar y convicción para no perder de vista el objetivo final.