JOSE UREÑA.
Los más preocupados son los estados.
O sea, los gobernadores, porque sobre ellos recaerá la carga política si se vuelve incontrolable otra vez la ola de contagios por Covid.
Pero más si aumenta, inconmensurable como en la primera ola de 2020 y la segunda a principios de 2021, el número de muertos.
Pero tienen un problema:
El Gobierno federal, léase la Secretaría de Salud (SSA) y el humorista nacional conocido como Hugo López-Gatell, no quiere volver a parar la economía.
Esto significa, en términos simples, permisos para operar a la industria, al comercio, a servicios como restaurantes, líneas aéreas u hoteles.
Sería el acabose.
Sobre todo cuando la aeronavegación, y con ella el turismo, ha regresado al 90% de sus estadísticas previas a la explosión pandémica, en marzo de 2020.
Un reporte de los Servicios a la Navegación en el Espacio Aéreo Mexicano (Seneam) de Víctor Manuel Hernández da idea.
El añoso y deteriorado Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM) tiene casi mil operaciones de aterrizaje y despegue diarios.
Cien menos a las de principios del año anterior, por no decir casi movimiento normal y afluencia consistente en el Valle de México y en los principales centros turísticos.
¡OH, LA CAPTACIÓN FISCAL!

Pero el tema es otro.
De norte a sur, de oriente a poniente, los gobernadores ven con azoro cómo aumentan los contagios por Covid y más su mortal variante Delta.
Por eso apremian, a despecho y descalificación de la SSA de Jorge Alcocer, a tomar medidas para contener la multiplicación de enfermos.
Se quejan -sobre todo los de oposición, pues los de Movimiento de Regeneración Nacional (Morena) están condicionados- de cómo se ha relajado la calificación del riesgo.
Ya no son los colores verde, amarillo, naranja y rojo de bajo a grave, sino una valoración de dudosa aplicación, eufemismo para evitar la descalificación total.
Pero no encuentran respaldo en el Gobierno nacional.
¿Por qué?
Porque la orden de Palacio es no parar actividades económicas con el doble objetivo de dar imagen de control de la pandemia y evitar la caída en los impuestos.
Esto significaría un golpe emocional grave para la población, pero sobre todo el derrumbe de captación para repartir en programas socioelectorales.
Y contra ese riesgo nada.