El miedo tiene tonos. Pasó a categoría cinco al igual que los huracanes, en estos días cercanos a la votación del diez de abril para decirle al presidente que se quede o se vaya.
Sabemos que es un ejercicio innecesario al no existir opositores que pidan que Andrés Manuel deje el cargo.
Es demanda del presidente que se instalaran urnas para que la gente le rinda culto y satisfacer su ego.
Fue electo en el 2018 con más de treinta millones de votos y esos quiere de nuevo para el 10 de abril con motivo de la revocación del mandato.
Ser votado, no botado, significa para nuestro mandatario su sueño más dulce y quiere que sea permanente en lo que le queda de vida.
Quiere que la gente acuda a emitir el sufragio en cantidades muy similares a las que se dieron en la pasada elección presidencial.
Es una tarea muy ardua lograr que acudan 37.2 millones de ciudadanos al conjuro de este avance electoral en nuestro País.
Carece de interés para muchas personas ir a votar cuando no hay cargos que repartir y que les puedan tocar su partecita.
Las elecciones para presidente de México y gobernador son muy concurridas. El pastel que se reparte es muy apetitoso y si se agregan elecciones de Alcaldías el interés sube de tono.
Las elecciones donde se juegan diputaciones federales o locales cuentan con menor asistencia.
En el caso presente, Andrés Manuel es presidente de México, con un gabinete armado desde hace tres años y no hay espacios para nuevos funcionarios o empleados y eso enfría el ánimo de los posibles votantes.
Hay teorías de como lograrán que la ciudadanía acuda a emitir el sufragio y una de ellas me sigue pareciendo increíble.

Escribo sobre lo aterrador y es la referencia a que el crimen organizado se encargue de la logística electoral, y sean ellos los que determinen la cantidad de votos que aparecerán en las urnas.
Me resisto a pensar que tenemos en nuestro País un gobierno que se apoye en el poder de las armas de la delincuencia para imponer su voluntad.
Todavía no digiero, que se haya señalado a Sinaloa, como una narco elección y que tenemos en los cargos públicos a los que recibieron el apoyo irrestrictos de esas organizaciones.
Se comenta que volverá a suceder en este ejercicio venidero.
Que en urnas aparecerán los millones de sufragios para que el resultado sea vinculatorio y que el presidente se jacte de su musculo.
El seis de junio me presenté en mi casilla y emití el sufragio.
No noté anormalidades y según mis cuentas fue legal la contabilidad que se dio y sin ser manchada por procedimientos extraños a la legalidad.
El 10 de abril no votaré para no engordarle el caldo a un presidente que abusa de su poder y nos tacha de conservadores y traidores a la patria.
Si otros se apoderan de las urnas y las retacan de votos para que pinte “la fiesta electoral”, no es cosa propia y será el INE el que tenga que rendir cuentas.
Se le atraviesa a la votación el inicio de la semana santa y a la gente le interesan más los centros de diversión que perder el tiempo para emitir un voto.
Si las urnas aparecen llenas, es un decir de la gente, que serían producto del relleno y que los encargados de esos menesteres son gente con fusil al hombro y montones de cargadores para lo que se ofrezca.
¿Verdad o mentira?