ALGO DE LO NUESTRO: LOS PORTALES DE CANOBIO.

  • Una presencia que supera el siglo y medio.

La Finca alberga muchos de los momentos históricos del, actualmente llamado, Centro Histórico de Mazatlán a lo largo de más de un siglo y medio.

De acuerdo a las memorias históricas porteñas esta joya arquitectónica porteña está llena de leyendas, hechos históricos y anécdotas.

Se dice que en 1864 se generó una polémica entre el Cabildo de Mazatlán y la señora Tomasa Osuna, poderosa comerciante originaria de La Noria, propietaria de lo que se llamaba en aquellos años Portal de La Lonja.

El Cabildo pretendía alinear las calles de la ciudad para dar una imagen ordenada, pero en la propiedad pretendían hacer trabajos de remodelación por lo que Tomasa Osuna solicitó los permisos correspondientes ante la autoridad municipal pero algunos regidores se opusieron porque impedía la continuación en línea recta de la calle Tacuba, hoy Heriberto Frias, por ser un sitio popular de venta al estilo de los tianguis de ahora hubo hasta manifestaciones. Sin embargo, el Cabildo decidió obligar a la dueña a alinear su inmueble, expropiándole por causa de utilidad pública lo que debía ser parte de la calle.

La propietaria y el arquitecto Juan Mondini, encargado por Tomasa Osuna de la obra de remodelación de los portales, se negaron a acatar el acuerdo edilicio y pusieron manos a la obra dentro de las dimensiones originales del predio. El constructor y diseñador de la remodelación de los portales fue detenido; pero, por órdenes del Prefecto de Distrito, salió en libertad, casi de inmediato.

Todo esto en medio de las urgencias de la guerra, que finalmente hicieron inútil el debate aquel. El edificio fue remodelado. El antiguo era de una sola planta y tenía portales, con detalles de arquería hacia las calles Del Oro (hoy Sixto Osuna) y Tacuba (hoy Heriberto Frías). Al final, quedó de dos plantas con portales frontales hacia la Plazuela Machado, tal y como lo conocemos hoy bajo la denominación del apellido de los boticarios Canobbio, que años más tarde tuvieron en esa finca su negocio.

Los negocios de Tomasa Osuna sobrevivieron la remodelación. Dos años más tarde, casi al final de la era de la intervención, las autoridades designadas por el imperio de Maximiliano determinaron que los comerciantes debían registrarse bajo amenaza de clausura. Entre las solicitudes para que se registraran oficialmente de nuevo sus empresas, junto a las de Pedro y Francisco Echeguren, Antonio de la Peña, Francisco Lie, Jesús Escovar, Juan Ramírez, Juan Kelly, Paulino Paredes, Antonio Vico y Juan Francisco Tamez, aparece Tomasa Osuna como la única mujer que pidió se le matriculara en el ramo mercantil. Envió la solicitud el 25 de junio de 1866, con su firma en papel sellado del Ministerio de Hacienda del Imperio Mexicano, y a la letra dice: “I. Ayuntamiento de Mazatlán. Tomasa Osuna, soltera de origen mexicano, hace presente que para continuar en el giro mercantil por mayor y menor a que estoy dedicada, pido a ese I. Ayuntamiento se sirva mandarme inscribir entre los comerciantes matriculados de esta plaza. Y al efecto espero se me expida la patente correspondiente”.

Posteriormente, dice algunas versiones, en 1880 este edificio se conoció como botica “La Italiana”, propiedad de Luis Canobbio, de quien se dice creó una sustancia llamada “La Fuente de la Eterna Juventud”, la loción “La diosa Venus” que les daba belleza eterna a quienes la tomaban.
En 1897 albergó tanto las oficinas del Banco de Londres y como las del Banco de México.
En la actualidad “Los portales de Canobbio” es un edificio totalmente renovado, en donde hay un restaurante, galerías y un espacio en donde se exhiben piezas originales de mobiliario de los siglos XIX y XX.