- Muñecos, posters, llaveros y recuerditos con la figura del Señor de la Esperanza.
- Un estadio a la mitad de su capacidad, pero con una figura que llenó más el espacio que los Venados.
- Cientos de adultos mayores y jóvenes salen con las manos vacías.
- Protestas abundan: la mayoría pacíficas y algunas ruidosas.
Andrés Manuel López Obrador fue el imán de una taquilla. Taquilla gratuita que no bastó para abarrotar el Teodoro Mariscal, pero sí para jalar más gente que los Venados de Mazatlán.
Desde la una de la tarde empezó a fluir la gente.

Ya estaban instaladas las vendimias en las afueras del remodelado estadio de vetusta historia. Taqueros; vendedores de frituras, chatarra y frutas. La novedad: puestos ofertaban muñecos con la figura caricaturesca del personaje más conocido actualmente en nuestro país, llaveros, posters con su imagen y sus ademanes.

La gente entraba al recinto y se acomodaba a pesar de la resolana. Afuera del estadio, cerca del acceso principal se colocaron los primeros manifestantes: todos esperanzados a que Andrés Manuel viera o leyera las pancartas y las lonas con sus demandas.

Lo mismo grupos que denunciaban las tropelías y bandidajes del Infonavit; estudiantes que no habían sido aceptados en la Universidad de Durango campus Mazatlán; demandantes de becas, solicitantes de una basificación en el sector salud; personas que reclamaban por sus desaparecidos; Somos más que 53; pescadores que reclaman empleo temporal y subsidio al diesel y ambientalistas.

Estos últimos, los ambientalistas, increparon la corta caravana automovilística de la comitiva encabezada por el Presidente de la República; toparon y gritaron al alcalde de Mazatlán, Luis Guillermo Benítez calificativos de traidor. Fue un momento tenso y aunque AMLO los atendió no les dio mayor importancia pero les dijo que lo esperaran a la salida del evento, que tenía un compromiso con los asistentes.

En el interior del Teodoro no rebasó la asistencia ni el 60 por ciento de la capacidad de los asientos en gradas; pero eso si: las lonas con las demandas, denuncias y exigencias ocupaban los tendidos. Abajo el dirigente de Canaipesca, Humberto Becerra portaba una pancarta demandando apoyo a la disminución del precio del diesel.

La selfimania todo lo que dá.
Cientos de jóvenes estudiantes; muchos adultos mayores en silla de ruedas, apoyándose en andaderas y bastones eran los invitados especiales y los primeros decepcionados pues, erróneamente, esperaban salir ya con sus tarjetas bancarias para recibir los apoyos federales que se les otorgarán por medio de la secretaría del Bienestar.

En las primeras filas ellos serían instalados; es más!, un grupo de empresarios ajonjolíes de todos los moles fueron levantados minutos antes de la llegada de quienes encabezarían el evento y enviados hacia atrás.

Los integrantes de los medios de comunicación, como en los viejos tiempos priistas y panistas, fuimos encerrado en el corralito.
Stase, Encima y otros grupos no dejaban de corear consignas.

48 minutos después de lo programado llegaron los integrantes del espectáculo estelar; a ello debió de sumarse la espera en tanto recorrían saludando, abrazando, dejándose tomar selfies, dando besos, recibiendo bendiciones; todo ello visto por la mayoría de los asistentes a través de dos pantallas panorámicas.

Al fin, en el templete principal; el presidente Andrés Manuel, el gobernador Quirino, la titular de la Secretaría del Bienestar; el alcalde Químico Benítez y dos personas por cada uno de los programas estelares que recibirían de manera simbólica a nombre de los miles que están esperando, sus tarjetas. Eso sí, la joven que traducía los discursos y mensajes en el lenguaje para sordomudos.

Los funcionarios de los tres niveles de gobierno, diputados federales y locales, regidores variopintos y empresarios, entre los que destacaba un Leovigildo Carranza medio engentado, Carlos Berdegué y los Medrano.

En el templete solamente tres oradores: El gobernador Quirino quien expresó su agradecimiento por los apoyos que está recibiendo Sinaloa del gobierno de la República y su respaldo a la Guardia Nacional; la secretaria de Bienestar quien enumero las bondades de los programas y por último, el Presidente de la Esperanza – pero antes fue la entrega de los apoyos simbólicos- quien repitió a los mazatlecos lo que ha sido su discurso recurrente en las giras.

“Vengo a informar”, dijo; y acto seguido enumeró los programas, los alcances de los mismos, la derrama de recursos para los que menos tienen. Anunció en su visita a este puerto un programa de apoyo a productores y pequeños comerciantes llamado «Tandas para el Bienestar», que son pequeños créditos que se otorgarán bajo palabra del beneficiado.

Aseguró que se concluirán las presas Picachos y la Santa María. Habló de los apoyos a productores y les dio esperanzas a los pescadores, ¡mejor dicho, a los armadores, a los dueños de los barcos que son quienes reclaman bajen los precios del diesel!.

A los trabajadores del sector Salud que tienen años como eventuales les prometió basificarlos pero les pidió paciencia.
Anunció la rehabilitación del puerto de Mazatlán y no faltó que entre el gremio de periodistas comentara: “Ojalá y lo cumpla y no sea como Peña Nieto que lo anunció en cinco visitas a Mazatlán y no lo cumpliera”.
Hubo promesas para todos: estudiantes, jóvenes, adultos mayores, pensionados, trabajadores del magisterio y del sector salud, pescadores, ganaderos, agricultores, comerciantes, artesanos. Prometer no empobrece cumplir es lo que mata.
Hubo un respaldo total al gobernador Quirino Ordaz. «…Se ha portado a la altura de las circunstancia, nos ha apoyado, nos ha respetado, y nobleza, obliga. Mi reconocimiento a Quirino Ordaz por su apoyo. Estamos trabajando de manera conjunta».
Reiteró su compromiso con Sinaloa; su promesa de regresar a sostener un contacto permanente y a seguir impulsando hasta concluir; ¡me caso ganso!, la Cuarta Transformación.
Lamentablemente, quizá por el cansancio, porque había caído la tarde o porque no recibieron el físico los apoyos esperados…las tarjetas; para cuando el primer mandatario de la Nación concluía su discurso el estadio estaba casi vacío y la gente salía en tropel.
Ya en la calle y en los alrededores del estadio, las personas desesperadamente buscan taxi, auriga o camión; algunos iban presurosos hacia sus vehículos y los camiones urbanos que apoyaron en el traslado de grupos de personas encendían sus motores y sus luces.