- Gracias a condiciones geoquímicas prácticamente únicas, en Naica, Chihuahua se encuentra la Cueva de los Cristales, uno de los sitios más hermosos en el planeta.
(Víctor Ángel Pérez Guzmán/ México Desconocido)
Pocas familias pueden presumir que un integrante suyo descubrió uno de los lugares más hermosos del mundo, pero los hermanos Juan y Pedro Sánchez tienen esta anécdota para contar. Allá en el lejano año 2000, los hermanos trabajaban como mineros en la mina de Naica – en Chihuahua -, durante su labor encontraron una cueva, bautizada simplemente como la Cueva de los Cristales, con unos enormes cristales que se convertirían en símbolo de este municipio mexicano.
Hace aproximadamente 26 millones de años, la actividad volcánica formó la montaña de Naica. Producto de esta actividad, la cueva se llenó de un mineral llamado anhidrita, la forma carente de agua del yeso, estable a temperaturas superiores a los 58 °C.
A unos 3 a 5 kilómetros de profundidad se encuentra una cámara de magma que calentó el área desde hace millones de años. Pero, cuando el magma se enfrió y la temperatura cayó por debajo de los 58 °C, la anhidrita se empezó a disolver, favoreciendo la formación de cristales de yeso por la reacción entre el agua subterránea rica en minerales, con el oxígeno del agua proveniente de la superficie.
Este proceso es lento, y los científicos estiman que para alcanzar las enormes dimensiones que tienen las estructuras más grandes tuvieron que estar por lo menos 500,000 años en formación.
La Cueva de los Cristales está bajo condiciones de calor y humedad, composición química y tiempo, que son únicos en el mundo, y han permitido que Chihuahua cuente con uno de los espectáculos naturales más hermosos del planeta, con estructuras de varios metros de longitud – el más grande es de 11.4 metros y un peso estimado de 12 toneladas.
Lamentablemente, una visita al sitio puede ser mortal.

El peligro de tal belleza
Mientras más profunda es una mina existen más riesgos para sus trabajadores. Fuera de fallas estructurales o derrumbes, el solo hecho de alejarse de la superficie implica que cada vez hay más calor. A esto se le suman los riesgos de inundaciones. En el caso de la Cueva de los Cristales estos factores se combinan para crear un ambiente sumamente peligroso.
Para poder ir cada vez más profundo las mineras deben bombear continuamente agua fuera de las cuevas, al hacerlo en Naica permitieron el descubrimiento de esta maravilla natural. Pero las condiciones de temperatura y humedad – de hasta 58 °C y 90 a 100% de humedad – tienen el potencial de ser letales, lo cual dificulta no solo su exploración sino la investigación y aprovechamiento.
Un grupo de investigadores en 2006 pudo explorar la Cueva gracias a trajes refrigerados especialmente diseñados para tal propósito, permitiéndoles tomar muestras de cristales para estudios de mineralogía, cristalografía, biogeoquímica y microbiología en este ambiente extremo.

Las otras cuevas de Naica
Si bien la Cueva de los Cristales es la más hermosa, no es la única cámara que existe en este lugar. En 1910 se descubrió la Cueva de las Espadas, nombrada así por los cristales de hasta 1 metro contenidos en ella. Pero dado que esta se encuentra a “tan solo” 120 metros debajo de la superficie, sus estructuras no son tan grandes.
En el mismo año 2000, se descubrieron dos cuevas más, la Cueva Ojo de Reina y la Cueva de las Velas. Finalmente, en 2009, una expedición de National Geographic descubrió la cueva Palacio de Hielo, esta no se encuentra inundada pero los cristales contenidos en ella son mucho más pequeños.

Explotación contra conservación
Esta maravilla natural tan difícil de que exista en otra parte del mundo – ya que como vimos las condiciones tienen que ser muy precisas – se encontró en una encrucijada por parte de la compañía minera a la cual “pertenece”. Evidentemente se quería seguir explorando y explotando los recursos minerales contenidos en Naica, pero los costos asociados son muchos.
A esto se le sumó la presión de investigadores como el Doctor Juan Manuel García Ruiz, profesor investigador de la Universidad de Granada, España, quien recomendó a la minera preservar las cuevas, es decir, dejar de bombear agua.
En 2015 la minera decidió cerrar la mina, provocando no solamente que las cuevas se volvieran a inundar, sino que lo más probable es que los cristales sigan creciendo, ya que como menciona el Doctor, “no hay un límite para el tamaño que un cristal puede alcanzar”. La cuestión es que no nos tocará ver este crecimiento debido a su prolongado tiempo de formación y que el paso a este sitio está muy restringido.
Si bien estas cuevas son prácticamente inexplorables, su descubrimiento y estudio durante el tiempo que estuvieron disponibles nos han dejado evidencia de un lugar maravillosamente hermoso que se oculta bajo nuestros pies. ¿Será que en algún momento se vuelva a investigar dentro de él?