Viejos banderos conforman toda una hermandad.
Los músicos nuevos tienen el respaldo de la tecnología y no saben ni grabar.
Recordaron como muchos empezaron en la esquina bandera de Juan Carrasco y Gutiérrez Nájera.
En el caso de Julio Preciado lo que resta del año tiene vendida las presentaciones en Estados Unidos.
Redacción.
Fue un encuentro emotivo.
Temprano empezaron a llegar. El primero fue el anfitrión. Con paso lento pero con una alegría y un humor a flor de piel; acompañado de dos amigos, como el empresario y legislador Carlos Escobar.
A la entrada de la cancha German Evers, en el corazón de Mazatlán, fue reconocido por unas personas que a bocajarro le dijeron: “Hemos venido desde Guadalajara para conocerlo y saludarlo”. Eso lo llenó de alegría, humilde como es, el vecino de la Montuosa y ex alumno de la emblemática secundaria Guillermo Prieto; iba saludando a todos los que topaba.

Julio Preciado nos comenta: “La idea surgió en un desayuno entre amigos, donde estaba el profesor Santiago Rosas, director de la Escuela de la Tambora; y platicamos del porque no hacer un homenaje en vida a todos los grandes maestros que hicieron una gran aportación a la música de banda; a quienes no se les reconoció esa aportación en Mazatlán y el sur de Sinaloa; donde ha habido grandes pilares como don Cruz Lizárraga de la Banda El Recodo y Ramón López Alvarado con su banda La Costeña y que fueron compañeros y también maestros de todos estos grandes”.

A todos esos grandes maestros hay que darles las gracias en vida; en vida, hermano, en vida; para que cuando uno esté muerto y no se de cuenta, resaltó.
35 Grandes Maestros de la Musica Sinaloense fueron los convocados; acudieron la gran mayoría, pocos por salud o compromisos pendientes no pudieron hacerse presentes. Los que sí, llegaron con sus familias: hijos, nietos y hasta ¡bisnietos!.
Toda una gran hermandad, todos con un costal de anécdotas por contar, por compartir; bromas, gritos y fuertes abrazos.
Poco a poco integrantes de algunas bandas de jóvenes se iban acomodando en el recinto para rendir homenaje a quienes fueron los impulsores del boom musical bandero que colocó a Mazatlán y Sinaloa en los ojos del mundo.

Muchos iban llegando auxiliados por sus hijos, caminando lento, apoyados en un bastón o una andadera; o como el gran Alberto Lizárraga en una silla de ruedas, reconocido con apoteósico aplauso.
Entre los 35 grandes maestros se reconoció a un personaje emblemático, “El Calenturas”, el gran “caimán” de todos aquellos músicos que llegaban con su instrumento a la esquina de Juan Carrasco y Gutiérrez Nájera, a donde miles de mazatlecos acudíamos a contratar alguna banda para alguna fiesta, o bien donde se organizaban entre ellos para ir a buscar la chuleta en las cantinas de la localidad.

En la Germán Evers, una vez iniciado el evento, y teniendo como fondo las notas de la Mazatleca, poco a poco desfilaron grandes personajes como el maestro Isidoro Ramírez “Chilolo”, Alberto Lizárraga “Beto”, Ignacio Sánchez de la emblemática banda Hermanos Sánchez de Tepuxta; Víctor Páez, Enrique Valdez “Cochona”, Ignacio Sánchez “Nacho”, Francisco Sánchez “Pancho”, José Sánchez “Ñoño”, Jorge López, Víctor Sarabia “El Musicón”, Abraham Salazar “Chito”, José Luis Garzón “El Bibi”, José Luis Ramírez “El Indio”, Antonio López “Toño”, Samuel Osuna “El Charro”, Víctor Martínez “El Macho”, Isidro Romero y varios más.
Todos felices, anecdóticos, disfrutando del reencuentro; más allá de competencias, sabiendo que forjaron la esencia de la música sinaloense.

Son los músicos que se la jugaban en una sola grabación ante un solo micrófono; muchos de ellos saliendo de los estudios discográficos de Mazatlán: Discos Laveaga; desde los tiempos donde no existía la tecnología que hoy impera y hace que cualquier persona cante y toque.
“Ya no es tan necesario ser un buen tocador, como antes que nos tocaba grabar de todo a todo y si te equivocabas se recorría el carrete hacia atrás y a empezar de nuevo; nada como ahora que si te equivocas todo se arregla con la tecnología: aquí lo parcho; antes no, el que grababa era por que tenía calidad para grabar”, comenta Julio Preciado.

Esto, abunda, te hacia ser más natural.
En la actualidad los que siguen grabando a la vieja usanza son bandas como El Recodo y La Arrolladora, por citar algunas, ya que ahora llegan nomas a meter las voces; ahora si no existe tal micrófono o no hay aire acondicionado en el estudio ya no graban.
Por cierto que, en lo particular, el Grande de la Banda, Julio Preciado está trabajando en dos giras: “El Gordo y el Flako” y otra con el Mimoso, cuyas fechas están todas vendidas en Estados Unidos por lo que en lo que resta del año no hay planes para presentarse en Mazatlán.