HAY DEBATE POR QUE LA PROSTITUCIÓN SE INCREMENTÓ EN LA PANDEMIA.

  • En la Ciudad de México la organización civil “Brigada Callejera” busca que el sexoservicio se regularice para evitar la trata de personas y que se garantice la protección de las personas en situación de prostitución.

Rosa María Rodríguez no ha tenido una vida fácil. Su madre la regaló recién nacida a una familia desconocida. A los seis años, su padrastro su padrastro la violó y la madre adoptiva la echó de la casa. Así pasó a ser una niña de la calle. Limpió negocios del Centro Histórico y hasta pidió limosna.

Pero nunca se vio obligada a trabajar en el sexosevicio, como ocurrió en tiempos de la pandemia. A sus 60 años.

Dos años después de esta experiencia que la llevó a una esquina de la zona roja de la capital mexicana, Rosa María está agradecida porque salió adelante, pudo comer, tuvo un techo y la dignidad de valerse por sí misma. Aún así, no la desea a nadie.

El apoyo de la Brigada Callejera Elisa Rodríguez, una organización de la sociedad civil que apoya a trabajadores sexuales fue vital: le dio el cariño que le hacía falta porque no se lleva bien con sus hijos, sin padres reconocidos y siempre amenazada por la sociedad: ¡Yo era tan agresiva!

Elvira Madrid, presidenta de la organización, dice que la pandemia empujó a miles de mujeres a la prostitución. Algunas sin experiencia previa, otras que se habían retirado y volvieron. Más las que resistieron.

“Cuando llegó el coronoavirus a México, teníamos contabilizadas 7,200 mujeres y a la fecha suman 15, 200 en vía pública en los puntos más importantes de esta ciudad”, precisa.

Estos puntos eran las zonas de siempre: el mercado de la La Merced; las avenidas Circunvalación, Tlalpan, Puente de Alvarado. Ahora hay lugares nuevos como Xochimilco, Azcapotzalco y Tláhuac.

El sexoservicio en la Ciudad de México está tolerado como trabajo no asalariado. Se permite desde que Brigada Callejera promovió un amparo y un juez deliberó a su favor en la sentencia 112/ 2013.

El gobierno de la ciudad aceptó entonces entregarles unas tarjetas que les da identidad fiscal y  evita extorsiones por parte de los policías, aunque de vez en cuando éstos se aprovechande las novatas para caerles arriba y pedirle dinero.

“La sentencia aplica para los 16 municipios de la Ciudad de México, pero en algunos de ellos no las quieren dar porque las autoridades no quieren perder el negocio de la extorsión a las chicas. Al sexoservicio todos lo quieren explotar”, denuncia Elvira Madrid. “

La activista pone como ejemplo el cierre de hoteles de paso por parte de las autoridades de hotel en la época de mayores contagios de covid. “Abrieron otros clandestinos donde grababan a las muchachas y después las amenazaban con publicarlo en redes si no les pagaban”.

A Rosa María Rodríguez no la filmaron. En cambi  le tocaron algunas palizas a mediados de 2020, cuando las redadas derivadas de las políticas de sana distancia apretaron.

Durante una década ella había sido recamarera de un hotel que cerró por la pandemia. Se quedó entonces sin sustento ni apoyo de ningún tipo porque vive sola.

“Agua, gas, luz, renta, teléfono… ¡eran tantas cuentas por pagar!”, recuerda.

Tomó aire y coraje para vestirse con sensualidad que puede aspirar una mujer de la tercera edad. Se maquilló y peinó con esmero. Labial, rímel, uñas pintadas. Escogió una esquina cercana al mercado de la Merced, reconocido por la tolerancia a la prostitución y ahí encontraba de vez en cuando algunos clientes. Cuando no le alcanzaba pedía dinero, pedía dinero en la calle.

Al principio parecía no haber problema. De buenas a primeras cayeron los policías y le dieron duro con el tolete. La arrastraron. Cuando iba por el piso recordó que alguna vez vio en la televisión que había un grupo que apoyaba a las sexoservidoras para que no fueran víctimas de abusos. Preguntando aquí y allá  llegó a Brigada callejera sin saber leer ni escribir.

Eran tiempos violentos. La organización le entregó una despensa y un folleto: el Coronasutra.

Ella no entendió las letras, pero sí los dibujos.

El manual “Coronasutra” ¾un juego de palabras que evoca al Kamasutra y al coronavirus¾ ilustra las posiciones sexuales que representan un menor riesgo de contagio porque no hay contacto de cara a cara y las medidas de prevención para que las trabajadoras sexuales puedan seguir trabajando y disminuir el riesgo de contagio por Covid-19.

Rosa María no lo usó por mucho tiempo. Pronto se involucró en el activismo social por los derechos de las sexoservidoras de Brigada callejera, donde sigue laborando por un salario. Ayuda a distribuir información entre las trabajadoras sexuales más jóvenes y en la logística para coordinar a abogados, sicólogos y voluntarios.

A la par sacó su acta de nacimiento y en abril será bautizada, confirmada. Hará su primera comunión. Todo de una vez en una ceremonia donde tendrá dos madrianas. Las madres que nunca tuvo, dice entre lágrimas de emoción.

“Me siento como en familia,  me han enseñado a tratar mejor al prójimo porque siempre fui maltratada y yo trataba igual a la gente”.

La idea de Brigada Callejera que opera desde 2004 es que el sexoservicio se regularice para evitar la trata y la estigmatización. Una lucha a contracorriente en México.

¿Aun peor?

El modelo de regularización de la prostitución en la Ciudad de México con permisos especiales se replicó en los últimos tiempos en Mérida, la capital del estado de Yucatán. Pero ha tenido fuerte oposición en otros estados, principalmente por parte de grupos feministas que prefieren la abolición del trabajo sexual para evitar la trata de personas.

De acuerdo con las cifras que reconoce  el Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, en el primer año de la pandemia se registraron 1.8 víctimas de trata de personas en el país. De acuerdo con otras organizaciones la cifra es mucho mayor porque hay un sub registro. El estado de Guanajuato y Durango, por ejemplo, registran cero víctimas oficialmente a pesar de que la prensa local ha reportado detenciones de proxenetas.

Teresa Ulloa, de la  Red Nacional de Periodistas, Comunicación e Información, uno de los grupos feministas que se oponen a la regularización y empuja la abolición, argumenta que muchas de las mujeres explotadas se encuentran en las “zona de tolerancia”, en donde son “regularizadas”.

“Basta tener contactos en la política para que les den la credencial”, afirma.

Ulloa cita a la Coalición Regional contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América Latina y El Caribe, que “ha sido testigo de cientos de casos” que distan mucho de un escenario dulce y cómodo en el que una mujer simplemente “opta” por comerciar con su cuerpo.

Ilustra con el caso de “Paty”, una chica que hace llegó a la Coalición en calidad de víctima secuestrada, trasladada a México -en medio de incontables episodios de violencia-, hasta que cae en manos de uno de los cárteles de la droga más poderosos, en cuyo poder permaneció por varios años, cautiva y esclavizada.

Todos los días fue explotada en varios “table dance” (sin pago alguno), tenía que vender 250 copas, 20 “privados” y 20 servicios sexuales por jornada.

Era obligada a sonreír, aparentar que disfrutaba su trabajo, o de lo contrario era golpeada. Cuando por fin logró escapar, lo único que tenía consigo eran padecimientos físicos y sicológicos, varios de ellos con secuelas permanentes… y ni un solo centavo.

Elvira Madrid no descarta que situaciones de este tipo puedan ocurrir en las zonas donde está regularizado. Sin embargo, considera que hay mayor riesgo de que pase donde no hay ningún control ni identificación de las sexoservidoras.

“Esto ya se ha probado”, dice. “Aquí, con todo y los permisos, en la pandemia aumentó 30% la extorsión en contra de las sexoservidoras que no conocen sus derechos”.

Con un reconocimiento de por medio al menos pueden denunciar los abusos sin esconderse, agrega. A principios de año, integrantes de Brigada Callejera marcharon al grito de “respeto total al trabajo sexual” y “la esquina es de quien la trabaja”.

Entonces, decenas de trabajadoras sexuales denunciaron que el crimen organizado se quiere apoderar del trabajo sexual en la Ciudad de México con cuotas de extorsión de entre cinco y 25 dólares en el equivalente en pesos a pesar de que tras la pandemia los ingresos bajaron hasta un 70%.

Una opción

Claudia mira el trabajo sexual como una última opción en tiempos de desesperanza. Así ocurrió hace 23 años cuando tuvo dos hijos de una pareja irresponsable que la dejó sola con la crianza. Y así lo vio en marzo de 2020 cuando se decretó la alerta sanitaria y su marido se quedó sin trabajo.

Desde entonces ella se levanta a las 6:00 de la mañana para prepararle la comida a su pareja. “Para que no gaste”, piensa. Luego toma un baño, se viste y toma el transporte público hacia la Avenida Circunvalación, donde está su esquina de trabajo de una a cinco de la tarde.

“Medio tiempo para ayudar en los gastos de la casa”, dice en entrevista con este diario. Su pareja recientemente encontró trabajo.

La rutina se repite de martes a viernes. Los fines de semana estudia. Retomó las clases en el Instituto Nacional de Educación para los Adultos para obtener el certificado de primaria y secundaria.

Piensa que, dadas sus condiciones, tiene suerte de vivir en la Ciudad de México mientras en todo el mundo se debate entre abolir y regular.

En Europa, después de que Suecia lo aboliera la persecución del sexoservicio el tema ha ido tomando fuerza.

El modelo abolicionista sueco busca la protección de las personas en situación de prostitución sin criminalizarlas. Desincentiva la demanda a través de sanciones y multas al cliente o al empresario y la educación en igualdad.

Suecia fue el primer país de la Unión Europea en adoptar una política abolicionista de la prostitución, por ello se le conoce como “el modelo nórdico” porque pone el foco en el cliente o en el proxeneta.

La ley de la prostitución en Alemania, por otro lado, precisa deberes de las prostitutas y también sus condiciones laborales. En el caso de que sean empleadas, ya sea de un burdel o una empresa de prostitución, las retenciones fiscales o el seguro médico son los mismos que para un trabajador de cualquier otra actividad económica.

Si son trabajadoras independientes, declaran por su cuenta, algo que ocurre actualmente en la CDMX aunque menos ordenado porque aún no se legisla.

Brigada Callejera apuesta por llegar a este modelo que hoy por hoy tiene también de cabeza a España después de que el primer ministro Pedro Sánchez prometió una ley para prohibir la prostitución.

Según un informe de la fundación Scelles de 2016 se calcula que unas 350,000 mujeres se prostituyen en España, aunque no hay cifras oficiales.

En México no hay un acuerdo al respecto. Un caso documentado por este diario a través de testimonios de víctimas en la ciudad de Toluca, reveló que las mujeres no están dispuestas a reconocer que trabajan en el sexoservicio por el miedo a ir presas.

Jorge Javier, un peluquero que trabajaba en una casa de citas peinando a las chicas, cuenta que en una redada detuvieron a la “madame” porque todas las prostitutas estaban en servicios a domicilio.

“Cuando llamaron a las prostis para declarar dijeron que habían sido forzadas, que era contra su voluntad, pero no era cierto: venían todas desde Morelia porque les pagaban entre 2,000 y 3,000 pesos por hora (unos 100 o 150 dólares). La mitad para ellas y la otra para la casa”.

Mientras tanto Claudia, se toma el debate con calma. El próximo año piensa que será más luminoso. Empezará la preparatoria y dejará de una vez por todas la prostitución. El esposo ha sido tolerante, antes fue su cliente hasta que se enamoraron y ella dejó la calle durante 20 años. Luego vino la pandemia y no tuvieron opción.

“Mi pareja ve esto como un trabajo más”, reconoce. “Pero yo no me veo con más de 45 años trabajando en esto. Ahora tengo 42 y ya no quiero. Quiero ser abogada y ayudar a las chicas más vulnerables”.