SEAMOS CLAROS: ¿Dónde quedo la estrategia?

Oliver Velasco*

En muchas ocasiones se nos quiere hacer pensar que los problemas de inseguridad en el país se originaron en el sexenio del presidente Felipe Calderón, quien tiro un “garrotazo al avispero” y todo salió mal, teniendo que involucrar a las fuerzas armadas, quienes hasta la fecha no han sido capaces de contener la inseguridad. Sin embargo, esto quiere decir que ya había muchas avispas dentro del panal, que ya se encontraban de facto ejerciendo mucha presión sobre el estado, y aunque probablemente no fue la mejor estrategia, a alguien le iba a estallar la bomba en determinado momento.

Los antecedentes del narcotráfico en México datan desde principios de siglo XX con la emigración china, quienes trajeron los opiáceos. Posteriormente durante los años de la prohibición de los Estados Unidos 30s y 40s muchos mafiosos del vecino país buscaron introducir drogas en aquel territorio, principalmente provenientes del estado de Sinaloa con los famosos burreros. Un episodio muy famoso en aquel tiempo (1944) fue el asesinato del gobernador de aquel estado: Rodolfo T. Loaiza en pleno carnaval de Mazatlán y abrazado de la reina de belleza, por un gatillero apodado el gitano que recibía órdenes del famoso mafioso norteamericano “Bugsy” Siegel. Sirva esta anécdota para demostrar que ya desde aquellos años el poder del crimen organizado era para tomarse en consideración.

En los años 70s después de la guerra de Vietnam, la prohibición se relajó, pero la demanda de narcóticos aumento para satisfacer a los que regresaban de la guerra, generando un enriquecimiento de los productores y con esa acumulación de capital un empoderamiento de diversos sectores que en los años subsecuentes se traduciría en una mayor capacidad para ejercer violencia. Una vez reanudada la prohibición en el país del norte, la demanda por estupefacientes no disminuyo, por el contrario aumento y se diversifico hacia nuevas drogas. La cocaína venida de Sudamérica se convirtió en una nueva fuente de ingresos, aún más redituable debido  las cada vez más ingeniosas formas de contrabandear estos productos. Otra anécdota que nos puede clarificar el poder de los carteles en aquel momento respecto a la autoridad, ya no sólo mexicana, quien al verse ya rebasada en muchas ocasiones se hacía de la vista gorda y únicamente por hacer acto de presencia participaba de la corrupción. Sino ante la misma autoridad norteamericana fue el asesinato del agente de la DEA, Enrique Camarena Salazar, por el en aquel momento apodado “Narco de narcos” Rafael Caro Quintero, quien en nuestros días es buscado por la justicia norteamericana por otros cargos, sin ningún éxito.

La época dorada de los grandes carteles de la droga fue en los años 90s, donde como en el viejo oeste, circulaban por toda la república carteles de se busca y aunque la violencia no se había desatado, ya tenían el suficiente poder político y económico para doblegar a las fuerzas del orden del estado mexicano. Muchas estrategias se implementaron, la creación de agencias policiacas especializadas desde la federación, que se fueron corrompiendo o que nunca terminaron de consolidarse: Policía Federal de Caminos, AFI, PFP y ahora la Guarda Nacional, que son únicamente cambios de nombres. Cuando la fuerza pública federal fue incapaz públicamente (que siempre lo ha sido, como se ha demostrado) de contener el contrabando, esta vez derivado de las exigencias de nuestro vecino del norte con el tratado de libre comercio. La aparición del ejército o la marina en operativos anti narcos no fue desde la declaración de guerra del presidente Calderón. Una de las acusaciones que se les hacían a los grupos armados del sur del país en los sexenios de Ernesto Zedillo y Vicente Fox eran de ser financiados por el narcotráfico y ya se hacían quemas de sembradíos de amapola y mariguana utilizando a las fuerzas castrenses desde esas épocas. Lo que hizo Felipe Calderón fue terminar de abrir la llave de la violencia.

Sabemos que la estrategia está mal y lo ha estado desde un principio, pero ¿Por qué no se cambió? Y lo más importante ¿Por qué quienes saben que ésta mal y lo denunciaron ahora la continúan? Se intentó en muchos casos cambiarla; recordemos las propuestas de mandos únicos para fortalecer las policías locales, que por diversas razones, principalmente que los gobernadores no se querían hacer responsables de la seguridad de sus entidades, no prospero. El desmembramiento de los carteles a partir de las grandes capturas de capos fue un fracaso porque dichas fragmentaciones no sólo multiplicaron el número de organizaciones, sino que diversificaron la naturaleza de los delitos a perseguir. La inteligencia financiera, que nunca ha podido ser aplicada entre otras cosas debido al secreto bancario y lo impopular de las medidas como los cobros a depósitos mayores a 16 mil pesos que se planteó en algún momento.  En parte el abrir la llave sin estudiar las consecuencias y el aplicar todas estas estrategias sobre la marcha ha sido la causa de su fracaso.

Ahora para la segunda pregunta, probablemente sea demasiado tarde. Ya no podemos regresar al ejército a sus cuarteles, porque no hay fuerza civil capaz de contener las capacidades logísticas, estratégicas y armamentísticas de las organizaciones criminales. Huelga recordar el incidente de Culiacán, Sinaloa de 2019 donde el intento de detención de Ovidio Guzmán puso en jaque a la ciudad y a las familias de los militares de esta ciudad. Probablemente no es mala idea tener a las fuerzas castrenses todavía en la calle, por nuestro propio bien como medida de contención o paliativa, pero esto nos devuelve al título de nuestro encabezado ¿Dónde queda la estrategia  que se nos prometió entonces para acabar con la violencia? Porque a largo plazo, los ciudadanos seguimos igual de indefensos que cuando todo esto inicio o tal vez más.

*Profesor de la Universidad Autónoma de Sinaloa en la Facultad de Ciencias Sociales en las licenciaturas de economía y sociología. Licenciado en filosofía maestro en estudios filosóficos por la Universidad de Guadalajara, maestro en gestión pública aplicada por el Tecnológico de Monterrey campus Guadalajara. Actualmente doctorante en la Universidad Autónoma de Nayarit/ Integrante de Unidad Democrática Sinaloa.