SEAMOS CLAROS: Las energías renovables y la soberanía energética en la 4T.

Oliver Velasco*

Como siempre que se habla de algún tema hay que hacer distinciones para no confundirse. No es lo mismo soberanía energética y seguridad energética; la seguridad energética es la capacidad de mantener el abasto de energía a todos los sectores productivos y de consumo de un territorio, manteniendo así un entorno de productividad que no ponga en riesgo el crecimiento del país. La soberanía energética es que la producción energética de ese territorio se encuentre en manos públicas, vinculando necesariamente lo público al órgano de representación del pueblo, es decir: el gobierno.

Por lo que podemos ver es posible tener seguridad energética y no tener soberanía energética, también es posible tener soberanía energética y no tener seguridad energética, que es a lo que nos estamos arriesgando y finalmente es posible no tener ambas. La soberanía energética es entonces un ideal de nacionalismo que proviene de ideologías que pueden poner en riesgo la seguridad energética y al final de cuentas el interés superior del pueblo, a pesar de que en el discurso predican lo contrario, ya que la falta de competitividad en cualquier sector económico incrementa los costos de producción y también el precio final al consumidor, generando un monopolio que perjudica al entorno económico.

Los problemas de utilizar ideologías como ejes principales de formulación de políticas son tres: el primero y fundamental es la contradicción referente a los fines y los medios: la finalidad de una ideología es la búsqueda de un tipo de sociedad ideal y con dicho finalidad aplicar reformas que deriven en su logró. Sin embargo, los medios que utiliza la ideología para alcanzar este fin conllevan a una descomposición de la realidad que en principio es aprehendida. En este caso: un deterioro social, económico y medioambiental en el proceso, que no sólo modifica la realidad, sino que la descompone de la manera en la que fue concebida. La negación de las energías limpias con tal de conseguir «soberanía energética» provoca no sólo el deterioro del medio ambiente, sino la posibilidad de acceso a energías más baratas y por ende a una mayor competitividad en la industria y a una mejora en la calidad de vida en la población.

El segundo problema es su imposibilidad de diferenciar entre escenarios históricos, y por ende mantener las ideas que sostienen dichas ideologías de manera anacrónica desligadas de la realidad. La ideología es colocada como un referente de una realidad y que en determinado tiempo es válido, pero la realidad a la que se refiere cambia aunque algunas condiciones de la misma permanezcan. El más claro ejemplo es el modo de producción capitalista del marxismo que ha cambiado y se ha adaptado a las condiciones de la realidad tecnológica, mientras que los ideólogos (no así todos los teóricos) siguen sosteniendo modelos o aplicables para los fines ideológicos. La mejor manera de observarlo es la apropiación de los medios extractivitas de producción (Pemex y CFE) por parte del estado como representante de un proletariado inexistente (pueblo).
El último problema es la formulación darwiniana de la ideología en un entorno social: las ideologías tienen a proyectar una expectativa evolutiva de la sociedad contemplando un aspecto lineal de ella. El evolucionismo es concebido con un aspecto moral, donde lo que ha evolucionado es mejor que lo que se dejó atrás y es idealizado más como un proceso de mejoramiento que de adaptación. En la sociedad, la ideología no ve diferencia entre lo biológico y lo social y asume los movimientos políticos como una evolución generando un discurso moral que consume y niega el pasado, aun siendo este posiblemente útil. Lo mismo ocurre con cualquier ideología del cambió.

No se puede gobernar sin ideología y no es posible separar esta de cualquier práctica científica o lectura de la realidad, ya que siempre estamos parados sobre un punto de vista. Lo peligroso es no darse cuenta sobre qué punto de vista se está y que se este punto de vista ciegue a los que lo esgrimen de la observación de la realidad negando los hechos y tildando a la realidad misma de falacia. La realidad no es la que miente, mientras que es más probable que las ideas propias u nuestra forma de verla sean las que lo hagan. Para muestra basta señalar como los países han ido adoptando medidas en torno a las energías renovables, que han ido abaratando el costo de las mismas y a mediano plazo terminaran desplazando a las energías fósiles.

Para poder entender este cambio simplemente hace falta echar un vistazo a la lista de países que producen más energía renovables que al mismo tiempo son los que tienen mayor desarrollo económico del mundo y que aunque aún tienen un gran consumo de energías fósiles, el mercado de energía renovable permite mantener la seguridad energética, los precios accesibles y la constante búsqueda de innovación tecnológica para su producción. Esta lista la encabezan: China, Estados Unidos, Brasil, Alemania e India. Y ya hay países que funcionan en un ciento por ciento con energías renovables como: Islandia, Noruega, Costa Rica y Uruguay.

No hay excusa que sostenga la negativa del gobierno de López Obrador a las energías renovables, si la soberanía energética es la razón, entonces es un argumento meramente ideológico y por lo tanto la falacia viene de su parte.

 

*Profesor de la Universidad Autónoma de Sinaloa en la Facultad de Ciencias Sociales en las licenciaturas de economía y sociología. Licenciado en filosofía maestro en estudios filosóficos por la Universidad de Guadalajara, maestro en gestión pública aplicada por el Tecnológico de Monterrey campus Guadalajara. Actualmente doctorante en la Universidad Autónoma de Nayarit/ Integrante de Unidad Democrática Sinaloa.

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