SERPIENTES Y ESCALERAS La SEP compró cubrebocas de 90 pesos cada uno

 

Salvador García Soto |

En el mismo año de 2021, cuando se canceló el presupuesto a las Escuelas de Tiempo Completo en el país, la Secretaría de Educación Pública gastó 90 millones de pesos para comprar, por medio de un contrato por adjudicación directa, 1 millón de cubrebocas de la marca 3M modelo 1860, en forma de concha y con 99% de eficacia en filtración bacteriana, un tipo de mascarilla o respirador que por sus características de eficiencia y comodidad es recomendado para su uso en centros de salud, en la agricultura y en la producción industrial.

Por cada cubrebocas profesional adquirido, la SEP pagó un precio de 77.59 pesos más IVA, lo que dio el total de 90 pesos por unidad y un pago final al proveedor de 90 millones 4 mil 400 pesos, de acuerdo con una copia del contrato CG@/009/2021 firmado por la Coordinación General @Prende.MX, de la Secretaría, y la empresa DM Grupo Exportador S.A. de C.V. el 17 de junio de 2021. En ninguna parte del contrato firmado por la coordinadora General de PrendeMx, Azucena Pimentel, por Carlos Muñoz, director Jurídico de la SEP y Luis Héctor Acosta, director de Servicios Generales de la SEP, se menciona el destino o el uso que se dará a las mascarillas adquiridas.

 

Aunque el costo de las mascarillas 3M modelo 1860 varía en el mercado y depende de la disponibilidad, en la plataforma de Amazon se encuentran a 30 pesos cada una ofertada por vendedores externos. Ni el IMSS ni el ISSSTE adquirieron ni compraron en 2021 ese modelo de cubrebocas y, de acuerdo con un reporte de compras de esos dos institutos en ese año, solo trabajaron con el modelo 1838 y el 1870 de 3M, pagando por ellos precios que van de los 13.95 a los 80 pesos. El modelo 1860 adquirido por la SEP es uno de los más caros que ofrece la marca y sus precios han registrado variaciones de hasta 300% durante la pandemia de Covid, dependiendo de la disponibilidad.

Con los 90 millones de pesos que pagó la SEP el año pasado por los cubrebocas 3M 1860 hubiera alcanzado para atender a 1,000 Escuelas de Tiempo Completo, con un apoyo mensual de 90 mil pesos a cada una, como el que les otorgaba la SEP cada mes para el pago de sueldos de maestros y alimentos que se proporcionaban a los niños de ese programa, hasta antes de que lo cancelara la secretaria Delfina Gómez este año.

Según cifras de la misma dependencia educativa, el Programa de Escuelas de Tiempo Completo, iniciado en 2006 con 500 escuelas, llegó a atender hasta antes de su cancelación a 27 mil planteles escolares en todo el país, de los cuales 19,000, es decir el 70.5% del total, eran escuelas indígenas y rurales que atendían a niños de escasos recursos, según informó el presidente López Obrador en su segundo informe de gobierno en septiembre de 2020.

Todas las evaluaciones que se hicieron de ese programa de la SEP, en los 15 años en que funcionó, arrojaron resultados positivos y documentaron el éxito del horario extendido y la alimentación a los alumnos en el mejoramiento del aprovechamiento académico y la reducción del rezago educativo y la deserción escolar en las escuelas donde se aplicaba. El Coneval, la Auditoría Superior de la Federación, la OCDE, la UNESCO y la Unicef, además de la misma Dirección de Evaluación Educativa de la SEP documentaron los resultados positivos del programa.

En 2018 el Coneval concluyó que los niños de primaria en las escuelas de horario extendido mejoraron su aprendizaje de matemáticas y lengua, especialmente en las zonas más vulnerables. “Es una intervención efectiva para mejorar el logro educativo y el nivel de aprendizaje, primordialmente, entre estudiantes de escuelas primarias en localidades de alta marginación”, dijo en su informe el organismo evaluador de las políticas educativas.

La misma Dirección General de Evaluación de Políticas de la SEP en una evaluación que hizo del programa en 2017 determinó que “tiene un efecto positivo en el rendimiento académico de los alumnos. La percepción de los directores y los padres de los beneficiados también apoyan esta indicación”. Mientras que la Unicef dijo en un reporte que el 68.5% de los niños y niñas que acudían a las escuelas de horarios extendidos su primer alimento del día era el que recibían en el plantel escolar. “El servicio de alimentación tiene beneficios como la disminución de deserción escolar, promoción de un servicio y atención igualitaria para niñas y niños. Además, la participación de los padres y madres garantiza la sostenibilidad del servicio y garantiza una red de confianza”, decía la Unicef.

La OCDE también documentó que la implementación del Programa de Escuelas de Tiempo Completo logró que, en 2008, con los resultados de la prueba Enlace, se mostrara que en los planteles con horario extendido y alimentación los alumnos lograran mejorar en matemáticas y español, con 25% y 21.3%, respectivamente, en nivel “Bueno”, 48% llegaron a nivel “elemental” en las dos materias y un 3% alcanzó nivel de excelencia. En tanto la UNESCO las escuelas de tiempo completo hacían efectivo el derecho de los niños y niñas a recibir aprendizajes útiles en ambientes saludables y equitativos.

Todas esas opiniones fueron completamente ignoradas en la decisión del presidente López Obrador, instrumentada por la secretaria Delfina Gómez, de desaparecer a las escuelas de Tiempo Completo y eliminarles este año el presupuesto federal de 5 mmdp con el que se beneficiaba a 3.5 millones de niños, la mayoría de escasos recursos y de zonas indígenas y rurales marginadas. Esteban Moctezuma se negó a desaparecer ese mismo programa en 2020, a pesar de la presión del presidente, a quien de plano le dijo que no estaba de acuerdo en eliminar un “programa exitoso” y prefirió presentar su renuncia.

¿Cómo es entonces que en la SEP sí había dinero para comprar cubrebocas de los más caros y profesionales, con un uso hasta ahora desconocido, por 90 millones de pesos y no había para seguir alimentando y educando en horarios extendidos a los niños más pobres del país?