Por Fred Alvarez Palafox..
Por Fred Alvarez Palafox..
Aquel jueves 25 de julio de 2024, una aeronave surcó los cielos hacia el norte y fracturó, de un tajo, la historia reciente del narcotráfico. Pero la verdadera trama de este episodio no aterrizó en Estados Unidos; se quedó aquí, enraizada en un teatro de absurdos y silencios oficiales. Hoy, a casi dos años de distancia, somos testigos de cómo las autoridades tropiezan con sus propias versiones. Es un espectáculo que, francamente, raya en lo patético.
Hablemos de Mauro Alberto Núñez Ojeda, alias «El Jando», supervisor de la flota aérea de Los Chapitos. Lo desconcertante no es su histórico vuelo con Ismael Zambada, sino el impúdico itinerario de su impunidad. Entregó al capo, tocó tierra estadounidense y regresó a México con la tranquilidad de un turista. Operó en las sombras hasta que, en febrero de 2025, allá en Jesús María, el Ejército tuvo que abrirse paso a plomo para detenerlo. ¿El remate de nuestro sistema de justicia tras ese choque violento? Retener al piloto del vuelo más buscado de la década por un simple y llano delito menor: portación de armas.
Aquí radica nuestra ceguera institucional. La Fiscalía General de la República tuvo en sus manos el eslabón perdido, la llave para conocer la verdad. Pero en lugar de investigar a fondo, en agosto de 2025, bajo la gestión del entonces fiscal Alejandro Gertz, optaron por deshacerse del problema y lo entregaron a Estados Unidos. Y hay que ser precisos con las palabras: fue un traslado bajo la Ley de Seguridad Nacional, no una extradición. Mientras en México optamos por cerrar los ojos, allá los fiscales hicieron su trabajo. Hoy, él ya se declaró culpable.
Recordemos las palabras de Omar García Harfuch en aquel mismo mes de agosto. Aseguró que Núñez Ojeda no tuvo nada que ver en el secuestro en Sinaloa y el posterior traslado forzado de «El Mayo» a territorio estadounidense. «Físicamente él no participó, pero sí se confirma que es piloto privado y persona de confianza de uno de los líderes del Cártel de Sinaloa, de Iván Archivaldo», enfatizó durante la conferencia donde se detalló la entrega de 26 capos, entre ellos el propio «Jando». Aquella justificación sonó más a un deslinde burocrático que a una verdadera aclaración.
Y la FGR nos dijo otra cosa..
El eco de esta monumental omisión estalló esta misma semana en Palacio Nacional. Lo que presenciamos fue un verdadero monumento a la confusión institucional. Vimos a la presidenta Sheinbaum reconociendo, con inusitada franqueza, no tener claridad sobre quién autorizó realmente la entrega: si Gertz o la actual fiscal, Ernestina Godoy. A su lado, un Canciller tropezando con los conceptos jurídicos básicos, confundiendo un traslado con una extradición ante los ojos de la nación.
Hoy, los ecos de la exigencia resuenan en los pasillos del poder: la Comisión Bicameral de Seguridad Nacional y voces como la de Ricardo Monreal piden, por fin, cuentas claras. Resulta una paradoja amarga observar cómo México hoy le mendiga información al FBI, cuando este relato nos deja una lección ineludible: el Estado mexicano tuvo entre sus propias manos al hombre que guardaba las respuestas sobre nuestra vulnerada soberanía. En lugar de mirarlo de frente y exigirle verdades, se prefirió empacarlo y enviarlo en un vuelo hacia el norte.
Y es que en los grandes operativos, las balas son las que hacen el ruido ensordecedor, pero son estos silencios de escritorio, los que se guardan en casa, los que terminan por esconder la verdad más profunda.
Esa distancia burocrática se hizo presente hoy cuando la Presidenta intentó administrar la presión pública desde el atril. Pasando la estafeta, declaró: «Yo le diría al Gabinete de Seguridad, vienen el martes, pueden explicarlo; a la propia Fiscalía, que pueda explicarlo». Y para atajar las dudas sobre quién abrió la puerta de salida, la justificación fue puramente institucional: «Quien decide los envíos fue el Consejo de Seguridad Nacional y ellos hicieron las evaluaciones de cada una de estas personas».
Un apunte crudo, y dolorosamente real, para la historia inmediata.