La maldición del 0419
Bristol Alonso Rodriguera.
Día con día; religiosamente como el ir al excusado a arrojar el lodo, o bien a la cocina para prepararse sus alimentos y deglutirlos, acudía al Estanquillo cerca de su domicilio a comprar el mismo número para participar en el sorteo que ahora se realiza cinco veces al día.
En un “Tris” puedes ganar dice la propaganda invasiva.
Con un peso, de ganar, puedes recibir cinco mil. ¡Y así sucesivamente!. Hasta hacerte millonario si la apuestas fuerte.
La fortuna puede llegarte en un tris.
Con esa convicción y esa esperanza, así como su confianza en San Juditas acudió, día con día, a lo largo de diez años, sin faltar uno solo mientras el Estanquillo del barrio estuviera abierto.
Además de vecino, y a pesar de la diferencia de años, ya era amigo del “Diego” y la “Mary”.
Ese día llegó, cerca del mediodía y, como siempre, revisó los periódicos, checó las revistas a ver qué novedades había, compró un chachito de Lotería, pagó y se retiró.
Todavía no llegaba a banqueta cuando escuchó el grito: “¡Hey, se te olvidó, el Tris!”.
No, no lo voy a jugar; respondió.
¿Y eso?, ¡Llévatelo, me lo pagas mañana!.
¡Gracias no lo voy a jugar!.
Esa noche no durmió. Daba vueltas en la cama, nomás pensando en que pudiera haber caído el 0419, y que se le hayan escapado los 5 mil pesos por cada peso de apuesta.
Nada ocurrió.
Al día siguiente volvió a acudir al Estanquillo y volvió a morderse un huevo. No lo compró.
Tardó poco más de una semana para destetarse del hábito de adquirir ese número. ¡Ja, después de diez años de jugarlo todos, todos los días!

Han pasado quince largos años y el maldito 0419 no ha caído.
Larga es la cadena de historias, de anécdotas, sobre los juegos de azar.
Recuerdo muchas, pero todas relacionadas con los sorteos de la Lotería Nacional. Esta es la primera relacionada con lo que se llama Sorteos Electrónicos.
Luego se las comparto.
Quisiera conocer las tuyas…