Alfredo Ramírez.
Corría el año de 1994 cuando tuve la gran oportunidad de conducir el noticiero “Si Quitarle Ni Ponerle” y el espacio “Dígalo Por Radio”, en la –entonces- XETK y XERJ de Grupo Promomedios en Mazatlán.
En ese proceso electoral participaron grandes personajes de la vida política nacional. Algunos de ellos ya habían estado en el estudio de Mazatlán, como Cecilia Soto y Pablo Emilio Madero.
A Luis Donaldo Colosio Murrieta nos tocó entrevistarlo en la ciudad de Culiacán; en un enlace simultáneo para cinco estaciones de radio del Grupo; nueve horas antes de su artero asesinato; pero eso ya es una historia contada.
El caso es, que días antes de este lamentable suceso, el periodista Manuel Grande Germán había acudido con nosotros para solicitar un espacio en el noticiario para la visita que realizaría el ingeniero Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano a Mazatlán; en lo particular me entusiasmaba bastante el hecho de poder entrevistarlo en corto, cara a cara, en exclusiva y en nuestro espacio.
Empero eso no se concretó por que a raíz del asesinato de LDC, el ingeniero había decidido suspender las giras por unos días, y eso incluía a Mazatlán.
Volvió a los días pero ya no se pudo programar la entrevista en cabina, encabezó un acto muy pobre en los patios del Ferrocarril por la colonia Esperanza.
Hubieron de pasar varios años hasta poder realizar una entrevista personal, eso sí breve; y fue en un acto donde el desaparecido empresario Julio Berdegué Aznar, le invitó a inaugura la Avenida Lázaro Cárdenas del Río en el fraccionamiento El Cid.
El ingeniero acudió acompañado de sus hijos Lázaro y Cuauhtémoc. Me impacto ver en el acto derramar las lágrimas al empresario de origen español al recordar cómo habían partido, siendo el un niño, al exilio; y el recibimiento y acogida que les dio el General Lázaro Cárdenas, la protección de que gozaron desde pequeños, luego de “cargar con la vergüenza de haber partido y recibir la bondadosa oportunidad de una nueva vida”; palabras que las dejamos plasmadas en la nota que publicamos en El Sol de Mazatlán.
Ahí mismo, el hijo de Cuauhtémoc Cárdenas, del mismo nombre: leyó unos fragmentos de las memorias de Lázaro Cárdenas cuando vivió en Mazatlán, en el Hotel Belmar, luego de haber sido nombrado por el presidente Manuel Ávila Camacho como el comandante de las fuerzas del Pacífico Mexicano.

“La Máscara Tarasca”. Años antes, Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano se había en el ídolo de los que entonces estudiábamos en la Universidad Autónoma de Sinaloa; en los tiempos en que emprendió la lucha por la democratización del PRI, desde la corriente del Nacionalismo Revolucionario, junto con otros grandes personajes como la maestra Ifigenia Martínez, Porfirio Muñoz Ledo y Rodolfo González Guevara, por nombrar algunos.

Cuando visitó la ciudad de Mazatlán fuimos los universitarios los que abarrotamos el gran salón donde se realizaban los bailes y juegos de basquetbol del Club Deportivo Muralla, por la calle Sixto Osuna. Espacio hoy desaparecido.
Impactaba ver el gesto adusto; de ahí que le llamaran la Máscara Tarasca; el lenguaje mesurado, sereno, preciso y sin alegorismos.
Así fue siempre, sereno, pacifista; incluso en los momentos de enorme crisis como fue cuando el hoy Morenista bendecido; Manuel Bartlett Díaz operara el gran fraude electoral que le robó su triunfo. En vez de acceder a las exigencias populares de que tomara Palacio Nacional decidió seguir la ruta de la construcción de un nuevo partido como fue el PRD; donde se aglutinaron las peores y mejores corrientes y grupúsculos de la izquierda, pero esa es otra historia.
Cuauhtémoc Cárdenas participó en tres procesos electorales: en 1988 cuando le robaron el triunfo, en 1994 y ya políticamente muy menguado en el 2000.
Sin embargo, él fue el pilar de la transición democrática que vivió el país, sin su presencia no se entendería el México de hoy. Su lugar en la historia está ganado desde hace tiempo, a pulso, por su congruencia, el respeto a sus principios e ideales; por su verdadera convicción de hombre de izquierda.
Eso es algo que nadie le podrá regatear jamás. La congruencia y la decencia.
Sobretodo en estos tiempos aciagos donde abundan personajes vividores que se dicen de izquierda, renegando de su pasado, pero eso sí… cobrando con la derecha.
DEP. GADELA.