¡Y ahora un auto bomba!, ¿que sigue?

¡Y ahora un auto bomba!, ¿que sigue?

Por Fred Alvarez Palafox…

El domingo por la noche, la cotidianidad de Ojocaliente, Zacatecas se hizo añicos. A las 20:00 horas, el centro del municipio no vibró por la víspera de la coronación de su reina de la feria, sino por la brutal onda expansiva de un auto bomba detonado frente a la comandancia de la Policía Municipal. Las imágenes difundidas son crudas: patrullas calcinadas, once vehículos de ciudadanos en llamas y familias corriendo despavoridas por la calle González Ortega para salvar la vida. El saldo humano, que siempre es el factor más doloroso, dejó a seis civiles y un policía lesionados.

La pregunta que se plantea es inevitable y urgente: ¿quiénes son los responsables y dónde está la inteligencia que el Estado presume?

La respuesta oficial inicial, lejos de brindar certeza táctica, evidenció la confusión de las autoridades. El secretario de Gobierno de Zacatecas modificó su versión en cuestión de horas, pasando de afirmar que un artefacto fue arrojado desde un vehículo en movimiento, a confirmar que el explosivo fue colocado deliberadamente en un auto estacionado. Mientras desde los canales gubernamentales se afirmaba rápidamente que la situación estaba «bajo control», la realidad en el terreno obligaba a paralizar la vida civil. El municipio tuvo que cancelar escuelas, suspender la atención administrativa y frenar de golpe las festividades religiosas de la Virgen de los Milagros. Un pueblo entero quedó sometido al toque de queda impuesto por el miedo.

Este acto de terror no es un hecho aislado, sino la prueba de una escalada que ha rebasado las estrategias preventivas. Se trata de tres ataques con explosivos en menos de una semana en la entidad: el 27 de agosto en Tabasco, el 29 de agosto con una motocicleta bomba en Villa García, y ahora Ojocaliente. Cuando el miedo obliga a frenar la vida diaria, queda claro que el control territorial lo ejerce quien detona el pánico, no quien redacta los boletines oficiales.

El domingo por la noche, la cotidianidad de Ojocaliente, Zacatecas se hizo añicos. A las 20:00 horas, el centro del municipio no vibró por la víspera de la coronación de su reina de la feria, sino por la brutal onda expansiva de un auto bomba detonado frente a la comandancia de la Policía Municipal. Las imágenes difundidas son crudas: patrullas calcinadas, once vehículos de ciudadanos en llamas y familias corriendo despavoridas por la calle González Ortega para salvar la vida. El saldo humano, que siempre es el factor más doloroso, dejó a seis civiles y un policía lesionados.

Las declaraciones del Fiscal estatal, Cristian Paul Camacho, hoy en Radio Fórmula, revelan la cruda paradoja de la seguridad en Zacatecas: existe una asombrosa agilidad forense para explicar la tragedia, pero una ceguera operativa absoluta para prevenirla. Horas después del atentado, el Estado ya sabe que el auto bomba tenía reporte de robo en Jalisco desde abril de este año. Sabe, por la confesión de un sicario de apenas 18 años capturado el sábado, que el Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG) orquesta esta escalada. Conoce detalladamente que utilizan niples rellenos de pólvora comprimida como artefactos improvisados. Sin embargo, toda esta certidumbre balística de nada le sirve a los heridos por la onda expansiva. El anuncio de que el Gabinete de Seguridad federal refuerza los operativos llega, como suele suceder, sobre los escombros.

Es aquí donde la ausencia de innovación estratégica resulta francamente incomprensible. La inteligencia estatal no puede seguir operando como un servicio de autopsias tácticas. Frente a la constante repetición de estos actos, la sociedad exige respuestas a la altura de la amenaza; no bastan los operativos reactivos cuando la delincuencia ya tiene el poder de dictar si los niños pueden o no ir a la escuela.

Resulta inadmisible que sigamos preguntándonos por qué no se ha desplegado una flota de drones de vanguardia y vigilancia aérea ininterrumpida que nos permita ir un paso adelante del peligro. El Estado debe ser el escudo y los ojos en el cielo que detecten el terror antes de que nos arrebaten la vida civil.

Para la historia inmediata!

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